Terminó de desactivar las expectativas de una apertura inmediata del mercado de cambios. Sus declaraciones confirmaron que el Gobierno no planea levantar en el corto plazo el denominado “cepo corporativo”, pese a los reclamos del sector privado y a las señales que aguardaban inversores y operadores financieros.
El presidente del Banco Central de la República Argentina, Santiago Bausili, ratificó que las restricciones cambiarias para empresas seguirán vigentes
El gobierno de Javier Milei relegó definitivamente la liberación total del mercado cambiario para las empresas y confirmó que las restricciones corporativas seguirán siendo una herramienta central de la política económica. El presidente del Banco Central de la República Argentina, Santiago Bausili, enfrió las expectativas del mercado al admitir que las limitaciones actuales “podrían mantenerse”, dejando en claro que la apertura cambiaria para el sector privado no figura entre las prioridades inmediatas de la gestión.
Las declaraciones implican una señal contundente hacia empresas e inversores que aguardaban una flexibilización más amplia tras la recuperación parcial de la estabilidad macroeconómica. Mientras las personas físicas recuperaron en abril de 2025 la posibilidad de comprar divisas con menos restricciones, las compañías continúan sujetas a fuertes controles para acceder al mercado oficial, cancelar obligaciones externas o girar utilidades.
Durante la presentación del Informe de Política Monetaria, Bausili defendió la continuidad de las regulaciones cambiarias y explicó que desmontar restricciones clave —como la obligación de esperar 90 días para operar entre el mercado oficial y los financieros— podría generar desequilibrios en otras áreas sensibles de la economía. “Nuestra prioridad es el funcionamiento de la economía, nos preocupa más el comercio exterior”, sostuvo el funcionario, dejando en evidencia que el Banco Central prioriza preservar reservas y sostener la estabilidad del sistema antes que avanzar hacia una liberalización plena.
La postura oficial refleja además una tensión creciente entre el discurso ideológico libertario y la realidad económica. Aunque el Gobierno construyó gran parte de su identidad política alrededor de la desregulación y la apertura de mercados, en la práctica mantiene controles cambiarios estrictos sobre el sector corporativo como mecanismo defensivo frente a la fragilidad externa y la escasez estructural de divisas.
El mensaje del Banco Central también funciona como una advertencia implícita al mercado: pese al ajuste fiscal y a la desaceleración de la inflación, la economía argentina todavía no reúne condiciones suficientes para eliminar completamente el cepo sin riesgos de inestabilidad financiera o presión cambiaria adicional.

Lejos de presentar el esquema cambiario actual como una restricción excepcional, el presidente del Banco Central de la República Argentina, Santiago Bausili, defendió abiertamente la continuidad del cepo para empresas y sostuvo que el sistema argentino resulta incluso “más flexible” que el de otras economías latinoamericanas.
Para justificar esa postura, Bausili comparó el modelo local con países como Brasil, Colombia y México, donde —según explicó— las empresas no pueden mantener cuentas bancarias en moneda extranjera dentro del sistema financiero local y deben transferir sus divisas al exterior. En contraste, argumentó que en Argentina existe un mercado paralelo completamente legal y que las compañías únicamente deben respetar un plazo de 90 días para operar entre el mercado oficial y los financieros.
El titular del Central utilizó además datos del comercio exterior para respaldar la continuidad de las regulaciones cambiarias. Según afirmó, las exportaciones mantienen una tendencia de crecimiento sostenido y alcanzarían este año un volumen récord cercano a los 96.000 millones de dólares. También aseguró que las importaciones continúan funcionando sin trabas significativas, lo que, a su entender, demuestra que el cepo corporativo no estaría afectando el funcionamiento cotidiano de las empresas.
La posición oficial revela un cambio de enfoque respecto de las expectativas iniciales del mercado sobre una eventual liberalización rápida del sistema cambiario. El Gobierno de Javier Milei parece haber priorizado la estabilidad financiera y la administración de reservas por encima de la apertura plena del mercado de divisas, incluso a costa de sostener mecanismos de intervención estatal que contradicen parte de su discurso económico original.
El mensaje de Bausili también refleja la preocupación del Banco Central por evitar tensiones cambiarias en un contexto todavía frágil. Aunque algunos indicadores macroeconómicos muestran cierta estabilización, el mantenimiento del cepo para empresas confirma que el oficialismo considera que una liberalización total podría generar riesgos sobre las reservas, el dólar y el equilibrio externo de la economía argentina.


























