La directora de Salud Mental del Gobierno de Junín vinculó el aumento de los suicidios con el deterioro del tejido social, el aislamiento y la falta de espacios de escucha. Advirtió que la prevención requiere fortalecer los vínculos comunitarios y ampliar el acceso a dispositivos de acompañamiento.
La directora de Salud Mental alertó sobre el impacto del aislamiento y la pérdida de vínculos.
La directora de Salud Mental del Gobierno de Junín, Emilse Marini, trazó un diagnóstico crítico sobre la realidad social al analizar el crecimiento de los suicidios en Argentina. Para la funcionaria, el fenómeno excede el plano individual y refleja una crisis en los vínculos sociales, agravada por el aislamiento, la digitalización y la falta de espacios de contención.
Marini sostuvo que el incremento de los suicidios no puede reducirse a una estadística. “Detrás de cada número se esconden historias de personas y ahí es donde debemos cuestionarnos qué es lo que nos está pasando como sujetos de la época y cómo tramitamos el malestar subjetivo en tiempos tan complejos como los actuales”, expresó. En ese sentido, consideró que el récord registrado constituye “una muestra del malestar social existente, del fracaso de los lazos sociales, del encuentro con el otro y de los espacios de escucha”.
La funcionaria atribuyó parte de esta problemática al avance del individualismo y a la pérdida de instancias de interacción personal. “Estamos en una sociedad absolutamente individualista donde se ha roto la capacidad de encuentro y la escucha entre las personas”, afirmó, al señalar que el predominio de las pantallas y la digitalización favorecen el aislamiento y reducen las oportunidades para compartir el sufrimiento con otros.
Desde una perspectiva clínica, explicó que no todos los suicidios están asociados exclusivamente a trastornos mentales. En muchos casos, indicó, se trata de personas que se ven desbordadas por situaciones de la vida y carecen de una red de apoyo que les permita procesar ese malestar. Bajo esa mirada, remarcó la importancia de fortalecer los espacios de escucha como herramienta preventiva y de acompañamiento.
Marini también sostuvo que la pandemia profundizó una problemática que ya existía y contribuyó a visibilizar el creciente impacto de los padecimientos subjetivos. A su entender, la salud mental debe consolidarse como una política pública sostenida, con dispositivos de prevención capaces de intervenir antes de que las crisis lleguen a situaciones irreversibles.
En ese marco, destacó las acciones impulsadas por el Municipio para fortalecer las redes comunitarias. Entre ellas mencionó el funcionamiento del dispositivo cogestionado con Sedronar y las actividades de prevención desarrolladas en la Plaza 25 de Mayo, donde distintas áreas municipales brindaron información, asesoramiento y orientación sobre consumos problemáticos, discapacidad, violencia de género y salud mental.
El planteo de la directora traslada el debate más allá del ámbito sanitario y coloca el foco en una sociedad donde el debilitamiento de los vínculos aparece como uno de los principales desafíos para la prevención. Su diagnóstico invita a pensar el aumento de los suicidios no solo como un problema de salud pública, sino también como una expresión del deterioro de las redes sociales y comunitarias.
























