El exsenador nacional Esteban Bullrich presentó su renuncia al PRO mediante una carta dirigida a Mauricio Macri, en la que manifestó profundas diferencias con el rumbo adoptado por el espacio político y criticó la estrategia de acercamiento al gobierno de Javier Milei.
Esteban Bullrich renunció al PRO y cuestionó la cercanía del partido con el oficialismo.
El exsenador y exministro de Educación Esteban Bullrich presentó su renuncia irrevocable al PRO mediante una carta dirigida a Mauricio Macri, en la que cuestionó el rumbo adoptado por la fuerza y denunció una creciente distancia entre los valores fundacionales del partido y las decisiones de su actual conducción.
Entre los motivos centrales de su alejamiento, Bullrich señaló la defensa institucional brindada a Manuel Adorni y sostuvo que ese episodio evidenció una lógica política donde la conveniencia partidaria prevalece sobre los principios éticos. Según planteó, permanecer en el espacio hubiera significado avalar actitudes y silencios con los que ya no se siente representado.
En un texto de fuerte contenido político, el exfuncionario advirtió que las organizaciones revelan su identidad a través de aquello que deciden justificar o tolerar, y sostuvo que el liderazgo pierde legitimidad cuando las estrategias electorales se imponen sobre la coherencia ideológica.
La decisión expone nuevas tensiones dentro del PRO en un contexto de debate sobre su relación con el gobierno de Javier Milei y su posicionamiento futuro dentro del escenario político nacional. En ese marco, Bullrich llamó a recuperar el espíritu original del partido y reivindicó la necesidad de sostener convicciones aun cuando ello implique tomar distancia de estructuras políticas propias.
Asimismo, reconoció que su experiencia personal tras ser diagnosticado con Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA) influyó en la decisión. Según expresó, la enfermedad lo llevó a replantear prioridades y a reafirmar la importancia de actuar en consonancia con sus principios.
Aunque agradeció a Mauricio Macri por la oportunidad de integrar su gestión y evitó un tono confrontativo, dejó un mensaje crítico hacia la dirigencia partidaria al afirmar que el verdadero liderazgo no se mide por el poder ni por los resultados electorales, sino por la coherencia entre los valores proclamados y las acciones concretas.

























