Las tensiones diplomáticas entre Argentina y Brasil volvieron a escalar luego de que el canciller brasileño calificara las declaraciones y actitudes del presidente Javier Milei como «una provocación sin precedentes en más de 200 años de historia» de la relación bilateral.
Brasil endurece su postura contra Milei y califica sus dichos como una «provocación sin precedentes»
La relación entre Argentina y Brasil sumó un nuevo capítulo de tensión luego de que el canciller brasileño, Mauro Vieira, calificara las declaraciones del presidente Javier Milei como «una provocación sin precedentes en más de 200 años de relaciones bilaterales». El gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva consideró que los dichos del mandatario argentino constituyen una injerencia en asuntos internos y una ofensa a las instituciones democráticas del país vecino.
Como respuesta, Brasil convocó a consultas a su embajador en Buenos Aires, Julio Glinternick Bitelli, y citó al embajador argentino en Brasilia, Guillermo Daniel Raimondi, para exigir explicaciones. La Cancillería brasileña evalúa además nuevas medidas diplomáticas frente al conflicto.
Vieira cuestionó que Milei viajara a San Pablo para participar de un acto político de la oposición brasileña y denunciara públicamente al presidente Lula, al Poder Judicial y a otras instituciones. «No nos intimidan los voceros de la extrema derecha», afirmó el canciller, quien respaldó la postura del gobierno brasileño.
La escalada también incluyó al ministro de Hacienda de Brasil, Darío Durigan, quien respondió con duras descalificaciones hacia el mandatario argentino, profundizando el clima de confrontación entre ambos gobiernos.
El conflicto se originó tras las declaraciones de Milei durante un acto en Brasil, donde volvió a llamar «presidiario» a Lula, habló del supuesto «riesgo Lula» y lanzó fuertes críticas contra el juez del Supremo Tribunal Federal Alexandre de Moraes. Pese al reclamo formal del gobierno brasileño, desde la Casa Rosada dejaron trascender que no habrá un pedido de disculpas.
La crisis marca uno de los momentos más delicados de la relación bilateral en los últimos años y abre interrogantes sobre el impacto que la confrontación política podría tener en la agenda diplomática, comercial y regional entre los dos principales socios del Mercosur.
























