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Caldirola defendió el etiquetado frontal y advirtió sobre el derecho de los consumidores a recibir información.

El especialista sostuvo que el sistema de etiquetado frontal constituye una herramienta de información para los consumidores y consideró que cualquier modificación debe garantizar el acceso a datos claros sobre la composición nutricional de los alimentos.

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El debate sobre el futuro de la Ley de Etiquetado Frontal volvió a cobrar fuerza luego de que el Gobierno nacional impulsara su derogación y planteara la posibilidad de reemplazar el actual sistema de octógonos negros por un nuevo modelo de información nutricional. La iniciativa abrió posiciones encontradas entre especialistas sobre la utilidad del mecanismo vigente y la necesidad de garantizar información clara para los consumidores.

El médico cardiólogo Sergio Caldirola se manifestó en contra de eliminar los octógonos sin una alternativa que permita identificar de manera sencilla el contenido de los alimentos. Explicó que, aunque los envases ya incluyen información nutricional obligatoria, su lectura resulta poco práctica para la mayoría de las personas debido a la cantidad de datos y al tamaño reducido de las etiquetas.

En ese sentido, sostuvo que el etiquetado frontal cumple una función informativa al señalar de manera rápida cuándo un producto presenta exceso de nutrientes críticos, lo que facilita decisiones de compra más conscientes. No obstante, reconoció que existen cuestionamientos por parte de la industria alimentaria, que considera que el sistema simplifica en exceso la composición de los productos y no distingue el grado de cada componente.

Para Caldirola, cualquier modificación debería contemplar un mecanismo alternativo que preserve el acceso a información clara y comprensible, evitando que los consumidores queden sin herramientas para evaluar el perfil nutricional de los alimentos.

Más allá del debate sobre el etiquetado, el especialista remarcó que una alimentación saludable depende también de la educación nutricional, la elección de alimentos frescos y naturales y el control de las porciones. Advirtió que ningún sello reemplaza el asesoramiento profesional y señaló que la calidad y la cantidad de lo que se consume son factores determinantes para prevenir enfermedades.

En una postura diferente, la nutricionista Daniela Esturo consideró que el etiquetado frontal no logró los resultados esperados desde su implementación y afirmó que la prevención requiere una estrategia de educación alimentaria más profunda que una advertencia gráfica en los envases.

Sin embargo, también cuestionó la posibilidad de eliminar el sistema sin contar con una propuesta superadora. A su entender, una decisión de ese tipo solo incrementaría la confusión entre los consumidores. Si bien valoró el efecto disuasorio de los octógonos sobre los alimentos ultraprocesados, sostuvo que el desafío pasa por promover hábitos de alimentación saludables mediante campañas educativas sostenidas y una mayor concientización sobre el consumo de alimentos frescos y mínimamente procesados.

De esta manera, el debate quedó planteado entre quienes consideran que el etiquetado frontal constituye una herramienta útil para brindar información inmediata al consumidor y quienes entienden que su eficacia es limitada, aunque coinciden en que cualquier modificación debería garantizar un sistema de información claro y accesible para la población.

 

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