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Más puestos en peores trabajos: el empleo que celebra Milei, bajo la lupa.

El mercado laboral argentino muestra una recuperación en la cantidad de puestos de trabajo que el Gobierno de Javier Milei presenta como uno de los resultados de su política económica. Pero el dato cuantitativo abre una discusión que va más allá de cuántas personas están trabajando: qué calidad tiene ese empleo y si permite mejorar efectivamente las condiciones de vida de los trabajadores. La creación de puestos laborales puede ser un indicador positivo en términos estadísticos, pero pierde parte de su significado si está acompañada por bajos salarios, mayor precariedad, informalidad o empleos con menor estabilidad.

El dato y la discusión de fondo

La administración libertaria sostiene que la recuperación de la actividad económica comienza a traducirse en mayor empleo. El contrapunto aparece al analizar la composición de ese crecimiento.

No todos los puestos de trabajo representan la misma realidad. Un empleo registrado, estable y con ingresos suficientes tiene un impacto muy diferente sobre una familia que una ocupación informal, de pocas horas o con remuneraciones que no alcanzan para cubrir el costo de vida.

Por eso, la discusión sobre el empleo no debería limitarse a la cantidad de puestos creados. También resulta necesario observar salarios reales, formalidad, duración de las jornadas, estabilidad y productividad.

Más empleo no necesariamente significa mayor bienestar

El desafío para cualquier política laboral consiste en transformar el crecimiento de la ocupación en trabajo de calidad y mejores ingresos.

Si aumentan los puestos pero una parte importante corresponde a empleos precarios o mal remunerados, las estadísticas pueden mostrar una mejora mientras la percepción económica de los trabajadores continúa siendo negativa.

En ese sentido, el debate sobre el empleo durante la gestión de Milei enfrenta dos lecturas: el Gobierno pone el foco en la recuperación de los indicadores laborales; sus críticos cuestionan la calidad de los puestos generados y su capacidad para mejorar el poder adquisitivo. La discusión, entonces, no pasa solamente por saber cuántos trabajan, sino también por determinar en qué condiciones trabajan y cuánto pueden vivir con lo que ganan.

Economía

El Presidente destacó la creación de medio millón de puestos durante su gestión. Un informe del CETyD muestra otra dimensión del fenómeno: cayó el empleo asalariado registrado y la mayor parte de las nuevas ocupaciones correspondió a modalidades informales y de menores ingresos.

“Se han creado 500 mil puestos de trabajo durante nuestro gobierno”. Con esa frase, el presidente Javier Milei reivindicó la evolución del mercado laboral y sostuvo que se trata de “empleo real” generado por el sector privado.

El dato general, sin embargo, requiere una mirada más detallada. Según un informe del Centro de Estudios sobre Trabajo y Desarrollo (CETyD) citado en el análisis, entre el primer trimestre de 2023 y el mismo período de 2026 se incorporaron alrededor de 500 mil puestos de trabajo, pero simultáneamente se perdieron unos 170 mil empleos asalariados registrados.

La diferencia muestra que el crecimiento de la ocupación no estuvo acompañado por una expansión equivalente del empleo formal. De acuerdo con el informe, el 95% de los nuevos puestos correspondió a modalidades informales.

La cantidad crece, pero cambia la calidad

El principal dato que surge del informe es la modificación de la estructura laboral. Mientras disminuyó el empleo asalariado registrado, aumentaron principalmente el trabajo independiente y las ocupaciones informales.

Entre estas últimas, el mayor crecimiento correspondió a los cuentapropistas informales, precisamente el segmento que presenta los ingresos promedio más bajos.

En el primer trimestre de 2026, sus ingresos representaban, en promedio, apenas el 37% de los correspondientes a un asalariado formal del sector privado. Para los asalariados informales, la relación era del 55%, mientras que entre los empleadores informales alcanzaba el 56%.

El contraste es significativo: el aumento de la cantidad de personas ocupadas no necesariamente implica una mejora equivalente en ingresos, estabilidad o protección laboral.

El cuentapropismo también tiene diferencias

El informe advierte que no todo trabajo independiente puede ser considerado precario. Existen trabajadores que eligen esa modalidad por autonomía, flexibilidad u organización del tiempo.

La diferencia está en distinguir entre una elección laboral y una estrategia para compensar la falta de alternativas formales.

Los cuentapropistas formales —monotributistas y autónomos— registraban ingresos promedio equivalentes al 94% de los de un asalariado formal privado. Sin embargo, este segmento explicó solamente el 5% de los nuevos puestos incorporados durante el período analizado.

La mayor parte del crecimiento se concentró, por lo tanto, en actividades con menor nivel de registración y menores ingresos.

El empleo registrado continúa retrocediendo

Otro de los puntos señalados por el CETyD es la evolución del empleo asalariado formal privado, que acumuló 12 meses consecutivos de caída.

La contracción alcanzó a sectores como la industria, el comercio y la construcción, con particular impacto en las actividades industriales.

El informe también proyectaba continuidad de la reducción del empleo formal privado durante los meses siguientes, especialmente en la industria manufacturera.

El verdadero debate detrás de la cifra

La discusión sobre los “500 mil puestos” no se reduce a determinar si el número es correcto. El punto central es qué tipo de empleo explica ese crecimiento.

La creación de puestos laborales constituye un indicador relevante, pero para evaluar la evolución del mercado de trabajo también resulta necesario observar formalidad, ingresos, estabilidad, cobertura social y condiciones laborales.

Desde esa perspectiva, las cifras presentan dos dimensiones que conviven: hay más personas ocupadas, pero una proporción significativa de los nuevos puestos se concentra en modalidades informales y de menores ingresos, mientras el empleo asalariado registrado continúa en retroceso.

Ese contraste permite entender por qué una misma evolución del mercado laboral puede ser presentada como una recuperación desde el Gobierno y, al mismo tiempo, generar cuestionamientos cuando se analiza la calidad del empleo creado.

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