Jubilados en crisis: el deterioro de los ingresos los obliga a seguir trabajando para poder vivir.

El aumento del costo de vida, las dificultades para acceder a medicamentos y prestaciones, el endeudamiento y la necesidad de volver a trabajar configuran un escenario de creciente vulnerabilidad para los adultos mayores.

Sociedad

La situación económica de miles de adultos mayores en Argentina se ha deteriorado hasta el punto de obligarlos a continuar trabajando después de jubilarse para poder cubrir sus necesidades básicas. En agosto de 2026, la jubilación mínima alcanza los $489.775,92 incluyendo un bono extraordinario de $70.000, un ingreso que resulta insuficiente frente al aumento de los alimentos, los servicios, los medicamentos y otros gastos esenciales.

Según un informe de la Universidad Nacional de Avellaneda (UNDAV), alrededor de 27.000 personas mayores de 65 años volvieron al mercado laboral. El fenómeno refleja una realidad preocupante: la jubilación dejó de garantizar, para muchos adultos mayores, una etapa de descanso y seguridad económica.

Uno de los casos es el de Ricardo Chediak, de 74 años, quien trabajó como camionero y maquinista y actualmente maneja un vehículo para una aplicación. La paralización de la obra pública terminó afectando su actividad laboral y lo llevó a buscar otra fuente de ingresos. Actualmente debe trabajar entre seis y ocho horas diarias para complementar una jubilación cercana al mínimo. Según relata, si deja de trabajar, no puede afrontar gastos básicos como la compra de una garrafa.

Una situación similar atraviesa Ernesto Aníbal Peñaloza, quien después de trabajar durante años como pintor debió abandonar esa actividad por problemas físicos. Hoy conduce un automóvil por aplicación y cobra menos de $300.000 de jubilación debido a descuentos derivados de préstamos anteriores. A pesar de contar con familiares que podrían ayudarlo, intenta evitar depender económicamente de sus hijos.

Graciela, jubilada de Merlo, también enfrenta una situación límite. Una parte importante de su ingreso se destina al pago de servicios, mientras que debe afrontar gastos de medicamentos y una garrafa de gas. Junto con sus hijos, que también tienen ingresos bajos, conforma un fondo familiar para poder sostener los gastos cotidianos. La falta de recursos incluso ha reducido la alimentación de la familia a una comida diaria.

El caso de Carlos, de 74 años, muestra además cómo las dificultades económicas se combinan con el desgaste físico. Continúa trabajando como plomero y gasista, repartiendo volantes y buscando trabajos ocasionales pese a padecer problemas en sus articulaciones. Los ingresos que consigue apenas alcanzan para cubrir medicamentos, servicios y otros gastos básicos.

A esta situación se suma el endeudamiento. De acuerdo con los datos citados de la UNDAV, 1.345.954 jubilados tienen deudas con prestamistas no bancarios. Los créditos y sus intereses reducen todavía más los ingresos disponibles y generan un círculo difícil de romper.

El problema, por lo tanto, no se limita al monto de las jubilaciones. El aumento del costo de vida, las dificultades para acceder a medicamentos y prestaciones, el endeudamiento y la necesidad de volver a trabajar configuran un escenario de creciente vulnerabilidad para los adultos mayores.

Las historias de Ricardo, Graciela, Ernesto y Carlos muestran una misma realidad desde diferentes situaciones: después de décadas de trabajo, muchos jubilados deben seguir produciendo, endeudarse o recurrir a sus familias para garantizar necesidades elementales. La jubilación, que debería representar una etapa de protección y descanso, se convierte así para miles de personas en una nueva etapa de incertidumbre económica.

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