Buenas tardes, queridos lectores.
Las pantallas —celulares, tablets, televisores, consolas y computadoras— ya no son sólo herramientas de entretenimiento o educación: son protagonistas crecientes en la vida de niños y adolescentes. Pero la exposición continua a estos dispositivos no está exenta de consecuencias para su desarrollo físico y emocional.
La ciencia reciente ha encontrado una asociación clara entre el tiempo excesivo frente a pantallas y una serie de efectos negativos en la salud de los más chicos. Y no se trata sólo de “estar quietos”, sino de cómo ese hábito impacta múltiples áreas de su crecimiento.
🧠 Efectos psicológicos:
El uso prolongado de pantallas se ha vinculado con problemas como
menor calidad de sueño y patrones irregulares de descanso, que a su vez afectan la regulación emocional y la energía durante el día.
Mayores niveles de ansiedad, síntomas depresivos y dificultades en la atención y el autocontrol, especialmente cuando el tiempo supera las recomendaciones habituales.
Problemas de comportamiento y conductas impulsivas, asociados a la sobreestimulación constante y la falta de interacción social cara a cara.
Además, la exposición temprana desde edades muy pequeñas (antes de los dos años) se ha asociado con efectos duraderos en el desarrollo cerebral y emocional en la adolescencia.
👁️ Efectos físicos:
En el plano físico, los estudios también destacan:
Visión afectada y mayor riesgo de miopía: cada hora adicional de exposición diaria eleva la probabilidad de desarrollar o agravar la miopía en niños y adolescentes.
Estilo de vida sedentario: los períodos prolongados frente a pantallas se asocian con menos actividad física, lo que puede contribuir a obesidad, menor resistencia física y problemas cardiovasculares incluso a largo plazo.
Disminución de habilidades motoras y procesamiento sensorial: el uso excesivo está relacionado con mayor distracción, hábitos más sedentarios y menor capacidad de procesamiento corporal en niños de 6 a 10 años.
Los problemas de postura, dolores cervicales o de espalda también están en aumento entre niños y adolescentes, asociados al tiempo prolongado frente a dispositivos sin pausas ni movimientos fuera de la pantalla.

🧩 ¿Qué podemos hacer como adultos?:
No se trata de demonizar la tecnología —que también puede tener usos educativos— sino de equilibrar su presencia en la vida de los niños:
Limitar el tiempo frente a pantallas según la edad y necesidades de cada niño.
Promover actividades físicas, juegos al aire libre y tiempo de calidad sin dispositivos.
Fomentar el sueño adecuado, la lectura y las interacciones humanas reales.
Acompañar el uso de tecnología con supervisión y charlas abiertas sobre contenidos y emociones.
La tecnología puede ser aliada, pero cuando se convierte en sustituta de la vida real, los niños pagan un costo que puede repercutir en su salud física y emocional a corto y largo plazo.
Fuentes visitadas:
PubMed +1. The Neuto Times. SpringerLink. ABC Color The Guardian. MDPI. The Times ofrece India.

Autoría: Beula. Fany Pereyra y Alejandra Carolina Loguzzo.
















