El reconocimiento no solo destaca su rol individual, sino que también funciona como recordatorio crítico de las deudas históricas hacia quienes participaron en el conflicto.
Tributo a Miguel Ángel Soriano, excombatiente de Malvinas, cuya figura se reivindica como símbolo de entrega y compromiso.
Miguel Ángel Soriano realizó el servicio militar entre 1981 y 1982, iniciándolo en Junín y continuándolo en Punta Alta, donde fue asignado al ARA General Belgrano. El 2 de mayo de 1982, durante la guerra de Malvinas, el buque fue hundido por fuerzas británicas, provocando su muerte junto a otros 322 tripulantes. Tenía 19 años.
Aunque residía en Baigorrita, cursó sus estudios en la Escuela Técnica N°1 de Junín, motivo por el cual la institución fue elegida para el homenaje. Durante el acto, se subrayó que su figura no solo remite a una historia individual, sino que interpela a las nuevas generaciones sobre el valor de la memoria, el compromiso y la identidad, planteando que el pasado no es ajeno sino parte constitutiva de la comunidad.
El presidente del Centro de Veteranos, David Imizcoz, contextualizó el hundimiento como un “crimen de guerra”, cuestionando la decisión británica de atacar fuera del área de exclusión y responsabilizando políticamente a Margaret Thatcher. Su discurso enfatizó una lectura crítica del hecho, señalando la magnitud de la pérdida humana y reivindicando el sacrificio de los tripulantes.
Asimismo, destacó el carácter simbólico del homenaje, al recordar que Soriano compartió la misma institución educativa que muchos presentes, lo que refuerza la cercanía entre el hecho histórico y la vida cotidiana. La colocación de una placa busca institucionalizar esa memoria y proyectarla hacia el futuro.
Por su parte, el intendente Juan Fiorini insistió en la necesidad de “malvinizar” como política activa de memoria, no limitada a fechas conmemorativas. Su intervención remarcó la juventud de los combatientes y la interrupción de sus proyectos de vida, aunque mantuvo un enfoque más conmemorativo que crítico respecto del contexto político de la guerra.
En conjunto, el acto combinó reconocimiento, construcción de memoria y una narrativa que oscila entre la reivindicación patriótica y la crítica histórica, dejando en evidencia tensiones persistentes en torno a la interpretación del conflicto de Malvinas.






















