La empresa metalúrgica Leval enfrenta un escenario crítico marcado por retiros voluntarios y baja actividad, lo que reaviva el riesgo de un cierre en el corto plazo. Según explicó Fabián Gigli, vocero de la UOM, ya se concretaron alrededor de quince acuerdos en el marco de un proceso orientado a reducir costos ante la falta de trabajo.
El funcionamiento de la planta quedó condicionado a un nivel mínimo de producción: se prevé que durante mayo continúe operando con una dotación reducida, aunque sin garantías de continuidad. Desde el gremio advierten que, si no ingresan nuevos contratos en las próximas semanas, el cierre podría concretarse hacia fin de mes.
El conflicto refleja problemas estructurales más profundos. La empresa arrastra un deterioro sostenido con antecedentes de suspensiones, pagos atrasados y esquemas de ajuste progresivo, que incluyeron adelantos de vacaciones y reducción de jornadas. Estas medidas, lejos de revertir la crisis, solo postergaron una definición de fondo.
En términos analíticos, la situación evidencia la fragilidad de unidades productivas dependientes de licitaciones y ciclos de demanda inestables. La falta de adjudicaciones recientes expone la vulnerabilidad del modelo operativo de la firma, mientras que el recurso a retiros voluntarios aparece como una estrategia defensiva que no logra resolver la caída estructural de la actividad.