La edición 2026 de la Met Gala, celebrada en Museo Metropolitano de Arte, estuvo marcada por una fuerte controversia previa que desplazó el foco desde la moda hacia la política y las desigualdades económicas. La designación de Jeff Bezos como presidente honorario del evento, junto a Lauren Sánchez, desató una ola de críticas y llamados al boicot.
Aunque Bezos finalmente no asistió, su figura dominó el debate público. Activistas y sectores críticos cuestionaron su rol como fundador de Amazon, en un contexto de denuncias sobre condiciones laborales y creciente rechazo a las grandes fortunas en Estados Unidos.
Las protestas no se limitaron a redes sociales. En Nueva York, colectivos activistas realizaron intervenciones urbanas, como la colocación simbólica de botellas para visibilizar denuncias de trabajadores de la empresa. También se proyectaron mensajes en edificios emblemáticos de la ciudad, vinculando al empresario con reclamos por mayor regulación y carga impositiva.
El conflicto escaló aún más cuando el alcalde de la ciudad, Zohran Mamdani, decidió no asistir al evento, rompiendo con una tradición institucional. Argumentó que, en un contexto económico complejo, su prioridad debía centrarse en políticas de accesibilidad y no en eventos asociados a élites económicas.
En paralelo, el evento fue rebautizado irónicamente en redes como “Gala Amazon Prime” o “Bezos Gala”, reflejando el malestar de parte de la opinión pública. Incluso algunas celebridades manifestaron incomodidad ante la centralidad del empresario en una gala históricamente vinculada al mundo cultural.
Más allá del glamour y la alfombra roja, la Met Gala 2026 dejó en evidencia un clima social atravesado por tensiones económicas y políticas, donde figuras como Bezos se convierten en símbolo de debates más amplios sobre desigualdad, poder corporativo y responsabilidad social.