El escritor Mempo Giardinelli analiza el ataque militar de Estados Unidos a Venezuela y sus consecuencias regionales y globales, advirtiendo sobre un escenario de incertidumbre, posibles recolonizaciones y tensiones geopolíticas de alcance histórico.
El ataque armado de Estados Unidos a Venezuela fue, sin ninguna duda, uno de los acontecimientos más graves y asombrosos que vivió el planeta Tierra en los últimos años.
No será aquí donde se describa ni se corrija lo que ya todo el periodismo mundial ha tratado, descrito y analizado, pero sí cabe, y es menester, hacer un recorrido y análisis de lo que también pasará a la Historia como la excursión bélica más vertiginosa y violenta en lo que va del siglo XXI.
La soberanía de la República Bolivariana de Venezuela fue, fácticamente, arrasada por la virulencia del brutal y sorpresivo ataque militar de los Estados Unidos en todos los planos. Esa agresión pudo verse por televisión en todo el planeta y se constituyó, además, en una de las producciones fílmicas más impactantes de una acción armada, asombrosa por donde se la mire.
Más allá de imposibles justificaciones y del impacto y amenaza generalizada que implicó el ataque estadounidense, lo cierto es que la humanidad toda está hoy sumida en una incertidumbre que sacude al planeta y hace temer posibles reiteraciones, venganzas y horrores.
Es obvio considerar, además, que varios países latinoamericanos quedan desde ahora en situación de extrema fragilidad. La República de Colombia, por caso, peligrosamente rodeada y amenazada, al igual que las Guayanas y el inmenso Brasil, e incluso una Venezuela que aparece como inminentemente neocolonizada.
Países todos ellos en los que muy probablemente sus actuales gobiernos pierdan en las próximas elecciones, como las de Brasil, donde crece la influencia de sectores evangélicos proestadounidenses, o acaso México, país que también podría quedar aislado y expuesto a consecuencias hoy incalculables. Hipótesis todas que conducirían a extrañas recolonizaciones de lo que hoy llamamos Nuestra América.
La veterana y ultraespecializada periodista Stella Calloni ha definido con brillantez que “son los grandes caos los que preceden a los grandes cambios en el mundo”. Experta conocedora de la geografía política latinoamericana, declaró para esta columna que el ataque a Venezuela y la injerencia de los Estados Unidos definieron el uso de nuevas formas de guerra con fuerte impacto regional, con foco en la resistencia latinoamericana y el delicado escenario político internacional. Según Calloni, Trump tenía que “hacer algo”, pero se vio desbordado y recurrió, de manera casi infantil, a bombas y destrucción, como ya lo había hecho recientemente en Irán y en buena parte de la tragedia palestina.
Desde esos puntos de vista, podría conjeturarse incluso el principio del fin de Trump, dado que existen sectores políticos importantes dentro de los Estados Unidos, tanto demócratas como republicanos, a los que no les conviene prolongar esta situación que podría generalizarse a todo el mundo.
También hubo quienes sostuvieron para esta columna que, si bien contra Venezuela los Estados Unidos se atrevieron, los mensajes de terror nunca son fáciles de sostener. México, Brasil y Colombia están alertas, y ya circulan informes serios que advierten que este tipo de acciones resultan hoy más que nunca desaconsejables.
Desde especialistas estadounidenses se recuerda incluso que en la Argentina ya se estarían viviendo guerras de baja intensidad por otros medios, con resultados negativos. Aquí se ha permitido que sectores retrógrados se apropien de la Justicia y concentren el poder mediático, lo que explica en parte el aislamiento informativo del país, tanto en lo que respecta a la política interna como a la internacional.
Basta observar la reciente presentación de un decreto de Necesidad y Urgencia por parte del presidente Javier Milei, que funciona como distracción mientras se consolidan hechos graves: la presencia de buques norteamericanos en el sur, una fuerte presencia militar en Chile y el avance de una base logística de la OTAN en la Antártida. Son hechos que no pueden negarse ni ocultarse.
En Nuestra América existen fuerzas armadas bien equipadas, como las de Venezuela, Colombia y especialmente Brasil, país con una enorme potencia militar y una industria bélica desarrollada, similar a la que tuvo la Argentina y que fue desmantelada por gobiernos recientes.
Existen también hipótesis inquietantes, como la de una traición interna en Venezuela. Si fuerzas estadounidenses lograron ingresar con helicópteros, secuestrar al presidente y a su esposa sin que se disparara una sola bengala, es difícil no pensar en acuerdos previos que solo pueden interpretarse como traición.
El futuro inmediato resulta imposible de conjeturar con seriedad. No se sabe qué tipo de gobierno podría instalar Trump en Venezuela ni cuáles serán las reacciones de China y Rusia, actores centrales en la región. Venezuela es un país grande, rico, con fuerte presencia china en el sector petrolero y con armamento que no será fácil de controlar desde el exterior.
Incluso dentro de los Estados Unidos se multiplican las contradicciones. El gasto militar es fenomenal y ya se registran reacciones populares, como en Miami, donde se escuchan consignas que marcan límites claros a la intervención externa.
Finalmente, todo indica que hubo traición en Venezuela. Es evidente que alguien entregó a Maduro. Esa certeza, más que cualquier bomba, es la que marca la gravedad histórica de lo ocurrido.























