La periodista y militante de derechos humanos Lila Pastoriza falleció en las últimas horas, según confirmaron sus familiares. Su figura quedó profundamente ligada a la memoria sobre el terrorismo de Estado en Argentina, tanto por su experiencia personal como por su compromiso posterior.
Pastoriza fue secuestrada en 1977 durante la última dictadura cívico-militar y permaneció detenida en la ESMA, uno de los principales centros clandestinos de detención. Allí fue obligada a realizar tareas vinculadas a la producción de información, en un contexto de violaciones sistemáticas a los derechos humanos. Tras más de un año de cautiverio, fue liberada y partió al exilio.
Durante su estadía en el exterior, denunció lo ocurrido ante organismos internacionales y participó en espacios de solidaridad con víctimas del régimen. A su regreso al país, en 1984, tuvo un rol activo en la reconstrucción de la memoria colectiva: declaró ante la CONADEP y en el Juicio a las Juntas, contribuyendo a documentar los crímenes de la dictadura.
Su trayectoria también incluyó el trabajo periodístico en distintos medios y la participación en iniciativas vinculadas a la memoria, como el Espacio de Memoria exESMA y organizaciones de derechos humanos. Hasta sus últimos años, sostuvo una presencia activa en causas judiciales y en la transmisión de su testimonio.
La muerte de Pastoriza representa la pérdida de una voz clave en la lucha por la memoria, la verdad y la justicia, en un contexto donde el legado de los sobrevivientes sigue siendo central para sostener el consenso democrático frente a los crímenes del pasado reciente.