El exsecretario de Cultura padecía Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA), enfermedad que había hecho pública en 2024. En los últimos años residía en Madrid, donde había reflexionado sobre la eutanasia.
El exsecretario de Cultura porteño Darío Lopérfido murió este viernes a los 61 años como consecuencia de una Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA), una enfermedad neurodegenerativa que afecta el sistema nervioso central. La noticia fue confirmada por su entorno cercano.
Lopérfido había revelado públicamente en 2024 que padecía ELA y había señalado que el avance del cuadro había sido rápido. En los últimos tiempos residía en Madrid. Meses atrás, en un artículo publicado en el medio digital Seúl, se había manifestado a favor de la eutanasia como procedimiento legal en algunos países, entre ellos España. “Es el mayor logro de la humanidad para quienes no tienen esperanza y sólo conviven con el infierno”, escribió entonces.
Su trayectoria pública estuvo marcada por una fuerte impronta en el ámbito cultural. Durante la gestión de Fernando de la Rúa como jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, se desempeñó en el área de Cultura, donde impulsó la creación del Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente (BAFICI). Posteriormente acompañó a De la Rúa en la gestión nacional como secretario de Cultura y Medios de Comunicación. También estuvo al frente del Centro Cultural Ricardo Rojas.
En 2016 asumió como director artístico del Teatro Colón y más tarde fue designado ministro de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires durante el gobierno de Horacio Rodríguez Larreta. Su paso por ese cargo fue breve y estuvo atravesado por la polémica tras sus declaraciones en las que cuestionó la cifra de 30.000 desaparecidos durante la última dictadura, lo que generó un amplio rechazo de organismos de derechos humanos y sectores del ámbito artístico.
Posteriormente fue nombrado representante especial para la Cultura Argentina en Berlín. Con el tiempo, también expresó críticas hacia la dirigencia del espacio político al que pertenecía y llegó a considerar una eventual candidatura a jefe de Gobierno.
En uno de sus últimos textos públicos, reflexionó con crudeza sobre la ELA: “Tener ELA es una mierda. No por la posibilidad de morir, que me tiene sin cuidado. La vejez me resulta odiosa; morir sin atravesar esa catástrofe humana, en cambio, me parece un alivio”. En ese mismo artículo sostuvo que la enfermedad “no tiene épica”, al comparar su curso con otras patologías.
Su fallecimiento cierra una trayectoria atravesada por la gestión cultural, la controversia política y un tramo final en el que hizo pública su experiencia con una enfermedad degenerativa.

























