Con la participación industrial en el PBI reducida al 13%, el Ejecutivo profundiza un proceso de desmantelamiento del aparato productivo. La apertura a la importación de maquinaria usada y la pérdida de cerca de 100 mil puestos laborales marcan el panorama del sector.
La industria argentina retrocede ocho décadas y vuelve a niveles productivos similares a los de 1945
La actividad industrial atraviesa uno de los momentos más delicados de los últimos veinte años. Su incidencia dentro del Producto Bruto Interno cayó a registros que no se observaban desde antes del gran proceso de industrialización que siguió a la posguerra.
El deterioro suele comenzar de forma gradual dentro de las fábricas: primero se elimina un turno, luego se paraliza una línea de producción y, finalmente, aparecen los programas de retiro voluntario o directamente los despidos. Ese proceso progresivo, que muchas veces pasa inadvertido en la rutina diaria, terminó dejando una huella profunda en la estructura económica del país.
Un informe reciente del Centro de Estudios de Historia Económica Argentina y Latinoamericana (CEHEAL), organismo vinculado a la UBA y al CONICET, señala que la industria local atraviesa un proceso de retroceso estructural. Según el trabajo, la combinación entre la caída de la actividad, la apertura comercial en sectores sensibles y la reducción de la inversión pública destinada al desarrollo industrial está transformando la matriz económica nacional.
El mayor retroceso industrial en dos décadas
Los datos recopilados por el estudio muestran un deterioro persistente. Durante 2024 la producción industrial se contrajo un 8,8 por ciento, un descenso que incluso superó al registrado en el contexto de la pandemia.
A comienzos de 2025 se detectó una leve recuperación que despertó expectativas dentro del sector. Sin embargo, esa mejora fue breve. En el tercer trimestre del mismo año la actividad volvió a caer un 2,4 por ciento, lo que confirmó que el sector continúa dentro de un ciclo de debilitamiento.
De acuerdo con los especialistas, la preocupación no radica únicamente en la caída coyuntural de la producción, sino en las transformaciones estructurales derivadas de las actuales políticas económicas.
La participación industrial vuelve a niveles de mediados del siglo XX
Uno de los indicadores que más alarma genera es el coeficiente de industrialización, que mide cuánto representa la industria dentro del Producto Bruto Interno.
El informe indica que este indicador descendió del 16,5 al 13 por ciento en los últimos años. Ese nivel remite a una etapa previa al fuerte proceso de industrialización que se consolidó en Argentina tras la Segunda Guerra Mundial.
Este retroceso también refleja cambios en la composición productiva. Mientras los sectores ligados a la agroindustria y a la energía mantienen cierto dinamismo, distintas ramas industriales pierden peso relativo.
Incluso dentro del propio sector manufacturero se registran transformaciones significativas. La industria pesada —relacionada con maquinaria, metalurgia y producción de bienes de capital— redujo su participación del 56 al 51 por ciento del total del sector.
La controversia por el ingreso de maquinaria usada
Entre las decisiones regulatorias que impactaron en el sector se encuentra la eliminación del Certificado de Importación de Bienes Usados (CIBU), implementada mediante el Decreto 273/2025.
La medida habilitó una mayor flexibilidad para importar maquinaria usada, algo que desde el sector metalmecánico consideran una competencia difícil de afrontar para los fabricantes locales.
Desde la puesta en vigencia de la norma, las compras externas de equipamiento industrial de segunda mano crecieron con fuerza. Para las empresas argentinas dedicadas a la fabricación de maquinaria agrícola o bienes de capital, competir con equipos importados más económicos se volvió cada vez más complejo.
El informe del CEHEAL advierte que el sector de bienes de capital ya muestra una contracción del 23,8 por ciento en su producción.
El impacto laboral: 77 puestos industriales menos por día
El retroceso del sector también tiene un fuerte reflejo en el empleo. Entre finales de 2023 y agosto de 2025 la industria manufacturera perdió, en promedio, 77 puestos de trabajo registrados por día.
Si se consideran además los empleos informales asociados a la actividad industrial, el número de trabajadores que quedaron fuera del circuito productivo en ese período se aproxima a los 100 mil.
“El problema es que muchas compañías intentan preservar a su personal especializado porque capacitarlo lleva años, pero cuando la actividad continúa cayendo esa decisión se vuelve cada vez más difícil”, explicó Luis Manini, titular de la Cámara de Industriales de Proyectos e Ingeniería de Bienes de Capital (CIPIBIC).
A la pérdida de empleo se suma un deterioro del poder adquisitivo. El salario real de los trabajadores industriales registró una caída adicional del 1,3 por ciento durante 2024 y actualmente posee un nivel de compra similar al de 2007.
Al mismo tiempo, algunas firmas históricas comenzaron a reducir su presencia productiva en el país. Uno de los casos más representativos fue el de SKF, que después de más de noventa años de producción local decidió cerrar su planta industrial y continuar únicamente con operaciones comerciales.
“Se argumenta que se busca proteger al consumidor con precios más bajos, pero ese consumidor también es el trabajador que pierde su empleo cuando una fábrica deja de producir”, concluyó Manini.


























