Un shock internacional pondría a prueba la fragilidad de la economía argentina

La suba del petróleo por el conflicto en Medio Oriente podría beneficiar a los exportadores energéticos, pero también generar presión inflacionaria y tensiones financieras. El Citi advirtió sobre la vulnerabilidad de países con bajas reservas, entre ellos Argentina.

Economía

La escalada del conflicto en Medio Oriente, con Estados Unidos, Israel e Irán como actores centrales, volvió a instalar en los mercados globales el temor a un shock externo con impacto económico amplio. En ese escenario, Argentina aparece particularmente expuesta por su bajo nivel de reservas y su elevada dependencia del financiamiento externo.

Un informe del banco Citi alertó que los países con escasas reservas de divisas —como Argentina, Sri Lanka, Pakistán y Turquía— enfrentan mayores riesgos de salidas abruptas de capital y depreciaciones cambiarias ante episodios de inestabilidad internacional. La advertencia se enmarca en un contexto de volatilidad financiera y suba de precios energéticos.

La reacción inicial del mercado fue un incremento en el valor del petróleo ante el riesgo de interrupciones en el suministro. El punto más sensible es el estrecho de Ormuz, corredor estratégico por donde circula una porción significativa del crudo mundial. Cualquier limitación en esa vía impacta no solo en el precio del barril, sino también en los costos logísticos, seguros y contratos futuros.

Para la Argentina, el encarecimiento del petróleo presenta un efecto dual. Por un lado, mejora el ingreso de divisas para el sector energético, especialmente en proyectos vinculados a Vaca Muerta. Por otro, encarece los costos internos y las importaciones, en una economía que en los últimos años incrementó su demanda de bienes del exterior. La suba internacional del crudo tiende a trasladarse al mercado local, con presión sobre precios y tarifas.

A esto se suma el denominado “vuelo a la calidad”, un comportamiento habitual en escenarios de crisis global. Los inversores reducen su exposición a activos considerados riesgosos —como los de economías emergentes— y se refugian en instrumentos más seguros, como bonos de países desarrollados u oro. Este movimiento suele traducirse en aumento del riesgo país y mayores dificultades de financiamiento para naciones endeudadas.

El ministro de Economía, Luis Caputo, reconoció que el escenario internacional representa un shock relevante, aunque evitó precisar el alcance de sus efectos sobre la economía local.

Economistas como Pablo Tigani advierten que Argentina suele minimizar el impacto de eventos inesperados, los llamados “cisnes negros”, pese a su alta vulnerabilidad externa. En una estructura económica abierta y financieramente expuesta, los cambios abruptos en el escenario global pueden amplificar desequilibrios internos.

Por su parte, el ex presidente del Banco Central Alejandro Vanoli señaló que, si bien podría haber un beneficio transitorio por mayores exportaciones energéticas, el canal financiero y una eventual aceleración de la inflación internacional representarían riesgos significativos. Además, consideró que el país cuenta hoy con menos herramientas regulatorias para amortiguar un shock externo, lo que incrementa su nivel de exposición.

La magnitud del impacto dependerá de la duración y profundidad del conflicto. Mientras tanto, los mercados ya comenzaron a recalibrar expectativas en un contexto que combina tensión geopolítica, energía más cara y mayor aversión al riesgo.

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