Menos visitas a los comercios, canastas más chicas y un mayor uso del crédito para cubrir gastos esenciales reflejan el deterioro del poder adquisitivo. Estudios privados y datos oficiales confirman un escenario de ingresos ajustados y niveles récord de morosidad.
Fin de año con consumo en retroceso y familias cada vez más endeudadas
El cierre del segundo año de gestión de Javier Milei encuentra a los hogares argentinos atravesando un nuevo diciembre marcado por la caída del consumo y el aumento del endeudamiento. Con salarios y jubilaciones que continúan rezagados, las familias ajustan sus gastos para llegar a fin de mes, mientras la inflación volvió a mostrar señales de aceleración en los últimos meses.
Según relevamientos privados, las compras en góndolas registraron una baja del 2,1 por ciento, al tiempo que el intervalo entre una compra y otra se extendió un 2,2 por ciento. Además, casi tres de cada diez personas destinarán el aguinaldo al pago de deudas. A este escenario se suma un dato del Banco Central: la morosidad de los hogares alcanzó su nivel más alto desde 2010.
La pérdida de poder adquisitivo impacta de manera directa en el consumo, que volvió a debilitarse en la segunda mitad del año luego de una recuperación parcial en el primer semestre, comparada contra un 2024 particularmente bajo. En este contexto, el 43 por ciento de los compradores reconoce llegar ajustado a fin de mes, una cifra que creció con fuerza respecto del comienzo del año.
Con menos volumen de compra y una menor frecuencia de visitas a los comercios, el comportamiento de consumo comenzó a diferenciarse según los niveles socioeconómicos. Al mismo tiempo, los canales de cercanía ganaron protagonismo dentro de la rutina de compra diaria, de acuerdo con un informe de Worldpanel by Numerator. El estudio advierte que los hogares cierran el año bajo una presión creciente sobre sus presupuestos y con expectativas cada vez más polarizadas.
Entre enero y septiembre, el consumo acumuló un crecimiento interanual del 1,5 por ciento, aunque en el último trimestre se registró una caída del 0,7 por ciento, revirtiendo la leve mejora previa. El análisis muestra que las familias redujeron tanto la cantidad de visitas a los puntos de venta como el volumen total de compras, una combinación que explica el retroceso generalizado en casi todo el país.
Durante el tercer trimestre, el precio promedio pagado por los consumidores mostró una desaceleración interanual, con subas del 23,9 por ciento, asociadas a un reordenamiento de precios y a decisiones de compra más selectivas. En este marco, los hogares priorizaron productos esenciales y ajustaron consumos prescindibles.
La encuesta también reflejó un cambio en el clima social: la esperanza sigue siendo el sentimiento predominante, aunque el optimismo retrocedió y más de una quinta parte de los consultados considera que su situación será peor dentro de un año.
El gasto se concentró en categorías básicas como alimentos secos, lácteos y productos de cuidado personal, mientras que rubros menos indispensables, como las bebidas alcohólicas, registraron fuertes caídas. Frente a las políticas de ajuste, se profundizó la búsqueda de alternativas más económicas, con un mayor peso de marcas de bajo precio, marcas propias y promociones, que ya explican una parte significativa del gasto total.
Otra tendencia consolidada es la combinación de múltiples canales de compra para comparar precios y reducir costos. Los autoservicios, almacenes, kioscos y farmacias ampliaron su base de clientes, mientras que las compras online y en hipermercados mostraron retrocesos en volumen.
En cuanto al endeudamiento, creció de manera notable la cantidad de personas que utilizarán el aguinaldo para cancelar obligaciones financieras. El Banco Central informó que la irregularidad en los créditos a los hogares llegó al 7,8 por ciento, impulsada principalmente por los préstamos personales y las tarjetas de crédito, que concentran los mayores niveles de mora.
Las empresas también mostraron un aumento en la morosidad, aunque en menor medida que los hogares. Los préstamos prendarios fueron los que registraron el mayor salto dentro de ese segmento.
De cara al próximo año, distintas consultoras coinciden en que el consumo masivo exhibe una recuperación frágil. Si bien hubo un leve crecimiento en el primer semestre, la tendencia volvió a debilitarse hacia la segunda mitad del año. Los bajos ingresos y la falta de empleo continúan siendo los principales problemas señalados por las familias, y aunque la inflación se moderó, la mejora del ingreso disponible fue parcial y luego se estancó.
Las proyecciones anticipan un crecimiento leve del consumo, aunque todavía lejos de los niveles previos, en un contexto donde las diferencias entre los distintos segmentos sociales tienden a profundizarse.

























