El inicio del año encontró a la Premier League atravesada por una fuerte inestabilidad en los bancos de suplentes. A la salida de Enzo Maresca en Chelsea, consumada pocos meses después de haber logrado el título del Mundial de Clubes, se agregó la desvinculación de Ruben Amorim como entrenador del Manchester United.
El técnico portugués dejó su cargo tras un ciclo breve y costoso que no logró revertir la prolongada crisis deportiva del club. Su salida volvió a poner en evidencia las dificultades que atraviesa el United desde la partida de Alex Ferguson, período en el que desfilaron seis entrenadores sin que ninguno pudiera devolverle el protagonismo en la Premier League, mientras su clásico rival, el Manchester City, atravesaba la etapa más exitosa de su historia.
Uno de los que recibió la noticia con alivio fue Alejandro Garnacho, actualmente jugador del Chelsea, quien había protagonizado una conflictiva salida del club de Old Trafford tras su mala relación con Amorim. El delantero dejó entrever su postura al marcar con un “me gusta” una publicación que anunciaba el despido de su exentrenador.
Amorim había asumido en Manchester United con la expectativa de reconstruir un equipo en declive, pero los resultados nunca acompañaron. Bajo su conducción, el club finalizó la Premier League en una posición inusualmente baja y quedó eliminado en instancias tempranas de la FA Cup y de la Copa de la Liga. Además, perdió la final de la Europa League frente al Tottenham.
En la temporada siguiente, sin competencias internacionales por primera vez en más de una década, el equipo tampoco logró consolidarse. Se mantuvo lejos de la pelea por el título, quedó eliminado de la Copa de la Liga ante un equipo de la cuarta categoría y acumuló empates ante rivales ubicados en el fondo de la tabla, resultados que terminaron por sellar el destino del entrenador.
Uno de los principales problemas del ciclo Amorim fue el bajo rendimiento defensivo. En el intento de corregir esa falencia, el técnico apostó al regreso de Lisandro Martínez tras su lesión y lo designó capitán. Si bien el equipo logró cortar una larga racha sin mantener el arco en cero en uno de esos encuentros, el balance general fue negativo, con muy pocos partidos sin recibir goles.
La seguidilla de despidos en clubes de primera línea confirma que la Premier League arrancó el año con una tolerancia mínima al error y una presión cada vez mayor sobre los entrenadores, incluso en proyectos que habían sido presentados como apuestas a mediano plazo.