Entre arrabales y pelotas de trapo

Ricardo Lorenzo Rodríguez, conocido como “Borocotó”, dejó una huella indeleble en el periodismo deportivo argentino desde las páginas de El Gráfico, donde narró el deporte popular con una prosa innovadora y sensibilidad social.

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A comienzos del siglo XX nació Ricardo Lorenzo Rodríguez, figura central del periodismo deportivo rioplatense, inmortalizado bajo el seudónimo de “Borocotó”. De origen uruguayo y formación autodidacta, debió trabajar desde muy joven en diversos oficios para sostener a su familia: fue lechero, obrero de frigorífico, cadete y chofer. En ese trayecto, alimentó una vocación profunda por la lectura y la escritura que lo condujo al periodismo, el oficio que marcó su vida.

Su nombre quedó ligado de manera definitiva a la revista El Gráfico, donde desarrolló un estilo singular para la época. Incorporó recursos narrativos y una mirada social que encontraron en el potrero su mayor fuente de inspiración. Desde allí describió la viveza criolla de un fútbol todavía atravesado por tradiciones inglesas, y también escribió sobre ciclismo, rugby, básquet y remo. “En Inglaterra los pibes aprenden a jugar al fútbol cuando van al colegio; acá, cuando no van”, solía decir para sintetizar esa diferencia cultural.

Con ironía y sencillez, dejó definiciones memorables, como aquella dedicada al rugby: “Al rugby lo debe haber inventado un inglés borracho después de bajarse una botella de whisky, porque avanzar significa tirar la pelota para atrás”.

Según relató su esposa, Clotilde Torterolo de Lorenzo, el seudónimo “Borocotó” surgió por sugerencia de Constancio Vigil, fundador de El Gráfico, quien buscaba una firma más artística. El nombre se inspiró en el origen charrúa del periodista y en el ritmo onomatopéyico de los tamboriles del candombe: Bo-ro-co-tó. Ese apodo terminó imponiéndose con fuerza sobre otros que utilizó ocasionalmente, como Lagunero para notas de remo o D. Gancho para básquet.

Félix Daniel Frascara, otro histórico de la revista, describió su legado con precisión al afirmar que Borocotó “poetizó las rodillas sucias de los purretes y la tristeza pobre de la solterona que fabricaba las pelotas de trapo y recomponía las alpargatas de los raboneros”. Convirtió historias simples en universos propios y dotó al periodismo deportivo de una identidad narrativa nueva.

Borocotó falleció en 1964, pero su obra continúa vigente. Con espíritu novelesco, enriqueció el oficio a través de metáforas y descripciones que ampliaron la imaginación del lector. Su escritura, de tono arrabalero y cercana a las aguafuertes de Roberto Arlt, convirtió al periodismo deportivo en un territorio literario cargado de encanto.

Entre sus aportes más recordados se encuentra la invención del término “La Máquina” para describir al mítico River Plate de la década del 40. En una de sus crónicas escribió: “El puntero jugó como una máquina”, dando origen a una de las denominaciones más emblemáticas del fútbol argentino.

Además, fue guionista de la película Pelota de trapo (1948), dirigida por Leopoldo Torres Ríos. Esa historia inspiró la fundación del club Sacachispas, nacido en Villa Soldati, uniendo literatura, cine y fútbol en un mismo gesto cultural.

“Si lo hice bien o no, quedará a criterio de los lectores. Solamente me cabe el derecho de expresar que de mi tarea periodística es lo que más estimé. En esos pincelazos puse lo mejor de mí, lo que llevo más adentro, el recuerdo de una infancia feliz por lo pobre y por lo libre…”, dejó escrito quien dedicó tres décadas a un periodismo que supo narrar, con palabras y metáforas, la alegría de los desposeídos y la épica de la pelota de trapo.

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