La acusación desmentida que Trump utilizó para avalar el ataque contra Venezuela

El Departamento de Justicia de Estados Unidos reformuló la acusación contra Nicolás Maduro y descartó la existencia del supuesto Cártel de los Soles. Pese a ello, el gobierno de Javier Milei mantiene a esa organización en el registro argentino de entidades terroristas.

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El denominado Cártel de los Soles, utilizado durante años como argumento central para acusar a Nicolás Maduro, terminó siendo reconocido como inexistente por el propio Departamento de Justicia de Estados Unidos. Desde 2020, esa estructura fue presentada por Washington como una organización narcoterrorista supuestamente encabezada por el presidente venezolano, una construcción que tuvo su origen en el primer mandato de Donald Trump y que fue retomada recientemente para justificar el bombardeo sobre Venezuela.

Sin embargo, esa narrativa se desmoronó cuando el Departamento de Justicia estadounidense reformuló la acusación contra Maduro y eliminó toda referencia al Cártel de los Soles como organización real. Pese a este giro, el presidente Javier Milei decidió mantener a los Soles en el Registro Público de Personas y Entidades vinculadas a Actos de Terrorismo y su Financiamiento, una decisión que contrasta incluso con el cambio de postura adoptado por la administración estadounidense.

La persistencia de esta acusación resultaba problemática para la estrategia judicial de la fiscalía norteamericana, no solo por la falta de sustento probatorio, sino también porque el proceso arrastra un cuestionamiento de origen: se inició luego de una invasión a un país extranjero, el secuestro de su presidente y una ofensiva militar con víctimas civiles.

Según trascendió, la nueva imputación contra Maduro se limita ahora a responsabilizarlo por la conducción de un supuesto “sistema clientelar” y por fomentar una “cultura de corrupción” que habría sido financiada con dinero proveniente del narcotráfico.

Con el inicio de su segundo mandato, Trump volvió a poner en escena la acusación original de 2020 y resucitó la figura del Cártel de los Soles. En julio pasado, el Departamento del Tesoro replicó textualmente esa imputación para incorporar a la supuesta organización a la lista de entidades terroristas. Meses después, el secretario de Estado y asesor en seguridad, Marco Rubio, hizo lo mismo.

Este relato encajó sin fisuras en la campaña mediática contra Venezuela y replicó esquemas utilizados previamente por Estados Unidos en otros países de América Latina, como Panamá.

El origen del mito

Paradójicamente, el llamado Cártel de los Soles tuvo su origen en el periodismo venezolano. En 1993, dos generales de la Guardia Nacional, Ramón Dávila y Orlando Hernández, fueron acusados de narcotráfico. Una de las versiones indicaba que ambos se habían apropiado de un cargamento de cocaína que la DEA había utilizado para montar una operación encubierta.

A partir de ese episodio, los medios comenzaron a referirse como “Soles” a la corrupción dentro de las fuerzas de seguridad, en alusión a los botones dorados con forma de sol que identifican el rango de los oficiales superiores en sus uniformes. El paso de esa denominación informal a la idea de un cártel organizado fue breve.

Esa construcción fue adoptada por el primer gobierno de Trump en 2020, cuando se acusó a Maduro de liderar una red de tráfico de drogas bautizada como Cártel de los Soles. Posteriormente, se incorporó a esa acusación al ministro de Interior, Justicia y Paz, Diosdado Cabello, y al ministro de Defensa, Vladímir Padrino López.

A pesar del despliegue mediático, nunca se logró describir con precisión la supuesta estructura de la organización. No se identificaron jefes intermedios, integrantes ni una infraestructura comparable a la de los cárteles de México o Colombia, ni se demostró una capacidad operativa transnacional.

La ofensiva global de Trump

Con su regreso a la Casa Blanca, Trump relanzó la política exterior estadounidense con una agenda de fuerte impronta militar. En primer lugar, impulsó una ofensiva contra la migración, apelando a una ley de 1789 —la Ley de Enemigos Extranjeros— que le permitió suspender garantías procesales y acelerar deportaciones masivas.

Luego, avanzó con ataques militares en distintos puntos del mundo, incluidos Yemen, Irak, Somalia, Siria e Irán, bajo el argumento del combate contra el terrorismo o la contención de programas nucleares. Trump llegó incluso a postularse para el Premio Nobel de la Paz, al considerar que estas acciones garantizaban la estabilidad global, aunque finalmente recibió un reconocimiento simbólico alternativo.

La creciente presencia de China en América Latina y su rol como principal comprador del crudo venezolano terminó de centrar la atención de Washington en Maduro. El Cártel de los Soles volvió a ser utilizado como una de las justificaciones para una ofensiva que dejó más de un centenar de muertos, entre civiles y militares, incluidos 32 ciudadanos cubanos.

La posición argentina

Desde el inicio de su mandato, Javier Milei definió a su gobierno como el principal aliado de Estados Unidos en la región y alineó su política exterior con la administración republicana. En ese marco, en agosto del año pasado, la entonces ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, incorporó al Cártel de los Soles al RePET, junto con los ministerios de Relaciones Exteriores y de Justicia.

La funcionaria sostuvo en ese momento que la medida habilitaba sanciones financieras y restricciones operativas para limitar actividades como el narcotráfico, el contrabando y la explotación ilegal de recursos naturales. La decisión fue presentada como un logro en la reinserción internacional de la Argentina.

Tras conocerse que el Departamento de Justicia de Estados Unidos había eliminado la referencia al Cártel de los Soles por su inexistencia, el gobierno argentino resolvió mantener a esa organización fantasma en el registro oficial.

Como gesto de respaldo, Marco Rubio se comunicó con el canciller Pablo Quirno para agradecer el apoyo argentino al ataque contra Venezuela. En organismos internacionales como la ONU y la OEA, los representantes argentinos acompañaron la postura estadounidense.

Rubio destacó la “continua cooperación para confrontar el narcoterrorismo y fortalecer la seguridad en América Latina”, mientras que el canciller argentino respondió públicamente que el gobierno libertario “confía que estos acontecimientos representen un avance decisivo contra el narcoterrorismo que afecta a la región”.

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