Los dos clubes más grandes del fútbol argentino comenzaron el año con grandes expectativas, pero lo cerraron con frustraciones, récords adversos y más preguntas que certezas de cara al futuro, pese a haber logrado la clasificación a las copas internacionales de 2026.
River y Boca en 2025: la marca negativa de uno y la peor racha del otro
El balance futbolístico de River Plate y Boca Juniors en 2025 dejó un sabor amargo para ambos, con desempeños irregulares, eliminaciones tempranas y marcas negativas que contrastaron con las ilusiones iniciales. Aun así, los dos consiguieron asegurar su lugar en las competencias continentales del próximo año.
En el caso de River, la temporada fue claramente de mayor a menor bajo la conducción de Marcelo Gallardo, quien no logró encontrar el funcionamiento esperado. El equipo de Núñez no estuvo a la altura en los torneos locales ni pudo avanzar en la Copa Libertadores, y terminó clasificándose a la Copa Sudamericana 2026 por la tabla anual, un objetivo menor para la historia y las aspiraciones del club.
Durante el primer semestre, Gallardo no consiguió consolidar un once titular ni recuperar el nivel de juego que había caracterizado su primera etapa. A pesar de sumar refuerzos de peso y de su confianza, como Enzo Pérez, Gonzalo Montiel, Lucas Martínez Quarta y Sebastián Driussi, además de otras incorporaciones solicitadas por el propio entrenador, el rendimiento colectivo nunca terminó de despegar.
River logró mantenerse entre los primeros puestos del torneo Apertura y avanzó a los playoffs, pero quedó eliminado en cuartos de final frente a Platense por penales, tras un partido discreto. Ese golpe pudo haber marcado el final del ciclo, aunque el respaldo de los hinchas y el historial exitoso del entrenador le permitieron continuar.
El Mundial de Clubes apareció como una oportunidad para cambiar la imagen, pero tampoco cumplió con las expectativas. El equipo no logró superar la fase de grupos, falló en el partido clave ante Monterrey y fue superado por Inter, cerrando su participación con una imagen poco convincente, tanto desde lo futbolístico como desde lo disciplinario.
En la Copa Libertadores, River tuvo una fase de grupos aceptable, pero quedó eliminado de manera contundente en cuartos de final frente a Palmeiras. A eso se sumaron malos resultados en el ámbito local y una eliminación en la Copa Argentina ante Independiente Rivadavia, nuevamente por penales, que profundizó el desgaste del ciclo.
El tramo final del año fue especialmente negativo. Una serie de derrotas consecutivas en el estadio Monumental derivó en una marca histórica adversa: cuatro caídas seguidas como local, algo que no ocurría desde hacía casi un siglo. A esto se agregó la salida de varios referentes del plantel y un clima de creciente cuestionamiento hacia el entrenador.
De cara a 2026, River afrontará un proceso de renovación profunda, con un mercado de pases clave y lo que aparece como la última oportunidad de Gallardo para revertir la imagen y recuperar el respaldo pleno de los hinchas.
Del otro lado, Boca Juniors atravesó un año con un recorrido distinto, aunque también cargado de frustraciones. El equipo tuvo un inicio flojo, sufrió golpes importantes en el plano internacional y recién logró un cierre algo más alentador con la clasificación a la Libertadores 2026.
La eliminación temprana en el repechaje de la Libertadores frente a Alianza Lima fue el primer golpe fuerte del año. Luego, el Mundial de Clubes volvió a dejar una imagen negativa, con una eliminación en la fase de grupos y actuaciones muy por debajo de lo esperado, incluida una igualdad sin brillo ante un rival semiprofesional.
En el plano local, Boca tampoco logró sostenerse en las instancias decisivas. Quedó eliminado en los torneos de liga y en la Copa Argentina, acumulando decepciones que derivaron en una de las peores rachas de su historia: doce partidos consecutivos sin triunfos en distintas competencias.
La inestabilidad también se reflejó en el banco de suplentes, con cuatro entrenadores a lo largo de la temporada. Tras la salida de Fernando Gago y un breve interinato, Miguel Ángel Russo no logró revertir la situación y, luego de su fallecimiento, Claudio Ubeda tomó el mando en el tramo final, con una mejora en los resultados y el juego.
El cierre del año dejó algunos aspectos positivos para el Xeneize, como el triunfo ante River en La Bombonera y la clasificación directa a la fase de grupos de la Libertadores 2026. La llegada de Leandro Paredes aportó jerarquía y carácter en el mediocampo, aunque el balance general sigue siendo deficitario.
Tanto River como Boca finalizaron 2025 lejos de los objetivos planteados. Ambos afrontarán el 2026 con la necesidad de reconstruirse, corregir errores y recuperar el protagonismo perdido, en un contexto donde la exigencia de sus hinchas y la historia de cada club no admite demasiadas excusas.






















