El presidente de Estados Unidos no descartó una guerra con Venezuela y anticipó nuevas incautaciones de crudo. Desde Caracas, el gobierno de Maduro advirtió que las fuerzas de seguridad están preparadas para enfrentar cualquier amenaza externa.
Trump deja abierta la posibilidad de un conflicto bélico con Venezuela y endurece la presión petrolera
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dejó abierta la posibilidad de iniciar una guerra con Venezuela al asegurar que no descarta un conflicto armado en el marco de la escalada de tensiones entre ambos países. Las declaraciones se produjeron en una entrevista concedida a la cadena NBC News, en la que el mandatario adelantó que habrá más incautaciones de petróleo venezolano y reforzó el bloqueo a los buques sancionados por Washington.
“No lo descarto, no”, afirmó Trump al ser consultado sobre una eventual guerra, luego de meses de operativos navales estadounidenses en el Caribe que incluyeron la destrucción de embarcaciones supuestamente vinculadas al narcotráfico. Desde el gobierno venezolano, el ministro de Interior y Justicia, Diosdado Cabello, respondió que los cuerpos policiales y de seguridad están listos para defender al país de “cualquier amenaza”, interna o externa.
El presidente estadounidense ordenó bloquear el ingreso y egreso de Venezuela de todos los petroleros sancionados por su país, una medida que se sumó a la reciente incautación de un buque cargado con crudo cerca de las costas venezolanas. Trump sostuvo que habrá nuevos operativos y advirtió: “Si son tan insensatos como para seguir navegando, serán llevados a uno de nuestros puertos”.
Consultado sobre si su estrategia apunta a derrocar al presidente Nicolás Maduro, Trump evitó confirmarlo y se limitó a decir: “Él sabe exactamente lo que quiero”. El mandatario también recordó que mantuvo una comunicación telefónica con el jefe de Estado venezolano y reiteró que “pronto” podrían comenzar ataques contra supuestos objetivos del narcotráfico dentro del territorio venezolano.
Las declaraciones representan un giro relevante, ya que Trump había hecho campaña en contra de la participación de Estados Unidos en guerras en el exterior. Para una declaración formal de guerra se requiere la aprobación del Congreso, algo que la oposición demócrata exige también para las acciones militares en curso. Sin embargo, el secretario de Estado, Marco Rubio, sostuvo que no existe obligación de solicitar autorización legislativa.
Rubio afirmó además que “no hay nada” que impida a la administración estadounidense bloquear el tránsito de petroleros sancionados y calificó al gobierno venezolano como un “régimen ilegítimo” que coopera con organizaciones terroristas. En la misma línea, rechazó el llamado de Maduro a las Fuerzas Armadas de Colombia para una eventual defensa conjunta y aseguró que Washington no considera esa posibilidad como seria.
Desde Caracas, el canciller Yván Gil acusó a Rubio de profesar “odio” hacia América Latina y lo responsabilizó de promover golpes de Estado, guerras e intervenciones extranjeras. En tanto, Cabello reiteró que Venezuela es “territorio de paz”, pero subrayó que el país está preparado para responder ante cualquier agresión, incluso si proviene del “imperio más poderoso del mundo”.
En paralelo, Trump sostuvo públicamente que Venezuela debe “devolver” a Estados Unidos el petróleo y otros activos, al afirmar que el país sudamericano le quitó a Washington sus “derechos energéticos”. El gobierno venezolano, por su parte, denuncia que el verdadero objetivo de la presión estadounidense es apropiarse de sus recursos naturales.
La industria petrolera venezolana fue nacionalizada en 1976 y los derechos de exploración y explotación quedaron en manos de Pdvsa. A pesar de las sanciones, la empresa estadounidense Chevron continúa operando en el país mediante una licencia especial otorgada por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos.






















