En la nota anterior abordamos la violencia de género dentro del sistema.
Hoy vamos a meternos en otro de los tentáculos de este gran monstruo: la violencia de género económica y patrimonial.
Silenciosa, persistente y muchas veces naturalizada.
La Ley 26.485 define la violencia de género como:
“Toda conducta, por acción u omisión, basada en razones de género, que en una relación desigual de poder afecte la vida, libertad, dignidad, integridad física, psicológica, sexual, económica o patrimonial, la participación política o la seguridad de una persona”.
Por lo tanto, la ley reconoce expresamente la violencia económica y patrimonial como una modalidad de violencia de género.
Este tipo de violencia se configura cuando una conducta —directa o indirecta, en ámbitos públicos o privados— afecta la vida, la libertad, la dignidad o el patrimonio de una persona, aprovechando una relación desigual de poder.
¿Cómo se manifiesta?.
Ocurre, entre otras formas, cuando el agresor o la agresora:
- Controla o limita los ingresos y gastos (exigir comprobantes, negar dinero, no pagar alimentos).
- Impide trabajar o sabotea el empleo y/o ingresos.
- Priva de recursos básicos como comida, vivienda o medicamentos.
- Controla o dispone de bienes ajenos (destruye documentos, quita objetos de valor, usa cuentas sin autorización entre otras acciones).
- Obstaculiza la autonomía económica para impedir que la persona pueda salir de la relación.

¿Cómo se reconoce?.
- En el ámbito judicial (Argentina):
Está tipificada en la Ley 26.485 como una modalidad específica. No siempre deja huellas visibles, lo que dificulta su detección y prueba. - En la práctica judicial:
Muchas veces se visibiliza recién al judicializarse. Aún así, existen dificultades para su abordaje, por lo que suele requerirse asesoramiento legal para identificar prácticas como el ocultamiento de información económica o el despojo de bienes. - En la vida cotidiana:
Se hace evidente cuando la persona comienza a reconocer patrones de dominación y control financiero que sostienen la dependencia y la desigualdad.
Claves para identificarla
- Dominación: No se trata de crisis económicas compartidas, sino de control para someter.
- Pérdida de autonomía: Limita la capacidad de decidir y de construir independencia.
- Interconexión: Suele coexistir con violencia psicológica o física y puede empujar a la víctima a regresar con el agresor o la agresora por necesidad económica.
Es imprescindible concientizar, no normalizar estas prácticas y, sobre todo, denunciarlas.

Si vivís o conocés a alguien que atraviesa alguna forma de violencia de género, no dudes en contactarnos para recibir información y apoyo a facabeula@gmail.com, por Whatsapp al + 54 9 1154664466 o por Instagram a @faca.beula
¡La violencia la paramos entre tod@s!.
Autoría: Beula, Fanny Hefzi Pereyra y Alejandra Carolina Loguzzo.























