Tras concluir una serie de medidas de fuerza, el conflicto de los trabajadores no docentes universitarios ingresa en una nueva fase de visibilización. Desde ATUNNOBA, su secretario general Jorge Mendoza planteó que el cierre del cronograma de paros no implica una desescalada, sino una reconfiguración del reclamo ante la falta de respuestas estructurales.
Cierre de paros sin resolución y escalada del conflicto universitario hacia una nueva marcha federal.
El eje central continúa siendo el incumplimiento de la Ley de Financiamiento Universitario, una omisión que, según el diagnóstico sindical, compromete tanto el funcionamiento operativo como la capacidad de sostener estándares académicos y científicos. En este marco, la FATUN impulsó un plan de lucha que combinó paros reiterados con acciones de presión política.
En paralelo, el conflicto salarial aparece como un componente crítico: la denuncia de aumentos definidos de forma unilateral por el Gobierno, por debajo de la inflación, configura una pérdida sostenida del poder adquisitivo. Este desfasaje, sumado a recortes en becas y en el sistema científico-tecnológico, es interpretado como parte de un ajuste más amplio sobre el sector educativo.
Lejos de cerrarse, el escenario proyecta una intensificación del conflicto con la convocatoria a una nueva Marcha Federal Universitaria, articulada por el Frente Sindical de las Universidades Nacionales, que nuclea tanto a gremios docentes como no docentes. La estrategia apunta a ampliar la base de apoyo, incorporando a la sociedad civil en defensa de la universidad pública.
El caso expone una dinámica recurrente: ante la ausencia de negociación efectiva, los actores sindicales migran de medidas sectoriales a acciones de mayor escala, buscando trasladar el conflicto al plano político y social.




















