Una herida poco nombrada que atraviesa a muchas mujeres en silencio y pone a prueba el amor, los límites y la salud emocional.
Hay dolores que no se ven. No dejan yeso, no requieren cirugía, no se publican en redes. Pero existen. Y arden.
Uno de ellos es el repudio o rechazo de un hijo hacia su madre. Un fenómeno tan frecuente como silenciado, que suele instalarse en la adultez de los hijos y que, psicológicamente, impacta con una fuerza devastadora en quien los trajo al mundo.
El rechazo: ¿etapa, conflicto o ruptura?.
Desde la psicología evolutiva, el distanciamiento puede ser parte del proceso de individuación. Todo hijo necesita diferenciarse, cuestionar, marcar límites y construir identidad propia.
El problema aparece cuando esa diferenciación se transforma en desprecio, descalificación constante o ruptura vincular.
En esos casos, ya no se trata de crecimiento saludable, sino de una dinámica emocional donde el resentimiento ocupa el lugar del diálogo.

¿Qué le pasa a una madre cuando su hijo la rechaza?.
La maternidad está profundamente ligada a la identidad femenina. Cuando un hijo rechaza, la madre no sólo siente dolor: siente fracaso.
Aparecen preguntas corrosivas:
“¿En qué me equivoqué?”.
“¿No fuí suficiente?”.
“¿Cómo puede odiarme alguien a quien amé tanto?”.
El rechazo activa culpas antiguas, heridas propias de infancia y miedos al abandono. Puede generar ansiedad, insomnio, síntomas físicos y una profunda sensación de desvalorización.
Es importante comprender algo esencial:
el rechazo de un hijo no define el valor de una madre.
El rol de la culpa
Muchas mujeres tienden a sobre – responsabilizarse. Revisan cada escena del pasado como si buscaran la prueba del delito.
Pero en los vínculos familiares no existe un único culpable. Las relaciones se construyen entre dos (o más) subjetividades, con historias, heridas y percepciones distintas.
Cargar con toda la culpa no repara el vínculo. Sólo enferma.
Amar también es poner límites.
Aceptar el maltrato bajo la excusa del amor maternal no es virtud: es autodestrucción emocional.
Una madre puede amar profundamente y, al mismo tiempo, decidir tomar distancia para preservar su salud mental.
El amor sano no es sometimiento.
El amor sano también sabe decir: “Hasta acá”.
¿Se puede sanar el repudio filial?.
La reconciliación es posible cuando ambas partes están dispuestas a revisar sus posiciones. Pero no siempre ocurre.
En esos casos, el trabajo interno es clave:
terapia psicológica,
redes de apoyo,
reconstrucción de identidad más allá del rol materno,
fortalecimiento espiritual o personal.
Una madre es más que la opinión de sus hijos.
Un duelo que casi nadie reconoce.
Cuando un hijo corta el vínculo, la madre atraviesa un duelo ambiguo: la persona esta viva, pero el lazo está roto.
Y los duelos sin reconocimiento social suelen ser los más solitarios.
Hablar del tema es empezar a validarlo.
Cerrar sin rencor, pero con dignidad
No siempre se puede recuperar el vínculo.
Sí se puede recuperar la paz.
Trabajar el repudio de un hijo implica aprender a soltar la expectativa de cómo “debería ser” la relación, aceptar lo que es y elegir vivir con dignidad emocional.
Porque ninguna madre merece vivir mendigando amor.

Autoría: Beula. Fanny Hefzi Pereyra y Alejandra Carolina Loguzzo.























