Uno de los economistas de Alberto Fernández tuvo el primer encuentro con un alto funcionario del FMI luego de las elecciones

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Guillermo Nielsen y Alejandro Werner
Guillermo Nielsen y Alejandro Werner

—Doctor Nielsen, ¿podríamos pedirle una foto junto con el doctor Werner?

El economista argentino, asesor del presidente electo Alberto Fernández y ex secretario de Finanzas, hubiera preferido otra propuesta. Pero aceptó con una condición, que puso mientras le sonreía con complicidad al director del Departamento del Hemisferio Occidental del Fondo Monetario Internacional (FMI), Alejandro Werner:

—Bueno, pero con Manuel Santos en el medio.

Era una oferta imposible de rechazar: Santos era el dueño de casa, el titular de Economía en la Escuela de Negocios de la Universidad de Miami (UM), quien había reunido al hombre que ya participa en la definición de la política económica del nuevo gobierno y al encargado de las deudas externas de los países latinoamericanos. El encuentro era en plan académico, pero pronto Guillermo Nielsen y Werner podrían volver a compartir un espacio distinto: cada uno a un lado de la mesa de negociaciones para reestructurar la deuda externa de Argentina, que llega a unos USD 283.567 millones.

La determinación de Alberto Fernández es que esta cuestión empiece un camino de resolución lo antes posibles dentro de las limitaciones formidables que presenta hoy la economía argentina

En la pequeña sala de la Miami Herbert Business School las ponencias de los expertos, y también figuras de peso internacional en la gestión económica, cerraron una semana de festejos: 70 años del programa de master y 20 del master en español. El tema era “Beneficiarse de las oportunidades de negocio en América Latina”. Aunque Werner brindó un panorama general de toda la región, la inminencia de la asunción de Fernández hizo que la atención —o al menos, los comentarios en voz baja— se centraran en Nielsen, quien sólo habló de Argentina.

—¿Adónde vemos al doctor Nielsen en el gobierno? —preguntó uno de los panelistas que debatió sobre su exposición, Marcos Horenstein, de la asesoría de inversiones DH Analytics—. No sabemos si va a ser ministro de Economía, titular del Banco Central…

—Soy polirrubro, no te olvides de la embajada en Washington —bromeó el asesor de Fernández.

—Seguro que algo de la reestructuración de la deuda va a hacer, más otro cargo que pueda tener —se apresuró a decir Horenstein antes de que Nielsen cambiara el tema.

Guido Sandleris, Hernán Lacunza y Alejandro Werner
Guido Sandleris, Hernán Lacunza y Alejandro Werner

Muchas manos se levantaron entre los asistentes para preguntarle a Nielsen por la reestructuración de la deuda. El economista, que participó en procesos de esa clase en 2002 y 2005, tras la crisis argentina de 2001, comentó, casi para sí mismo: “Es un tema de que nunca pensé que volvería a hablar en mi vida…”.

Y empezó a responder, aunque con obvia escasez de precisiones: “La determinación de Alberto Fernández es que esta cuestión empiece un camino de resolución lo antes posibles dentro de las limitaciones formidables que presenta hoy la economía argentina”. Parte de su asesoramiento al presidente electo se centra en “tratar de minimizar daños, y parte de eso es que esto salga rápidamente”. Sin embargo, “hay que sentarse a hablar con mucha gente”. Y, además, “tener un diálogo muy particular con el FMI”, destacó.

Una diferencia sustancial con el proceso de principios de siglo, explicó, es que “en esta crisis de deuda no hay tenedores minoristas, comparado con el problema que fue tener medio millón de tenedores en Italia, 40.000 en Japón y otros muchos en Alemania, Austria, Suiza. Ese factor no está presente: esta es una negociación que requerirá diálogo entre profesionales”.

En 2002, además, no había algo que hoy es “el primer camión que se nos viene encima”, como comparó: “USD 15.000 millones entre ahora y mayo. Esto no tiene precedentes. Estamos trabajando muy activamente con los tenedores, pero son situaciones muy disímiles”. La situación, en general es de “pocas reservas y déficit muy grande: el gobierno saliente deja una expansión en pesos significativa, que habrá que manejar con mucha muñeca”.

En principio el problema es “de liquidez, no de solvencia», distinguió. “Por lo menos por cierto tiempo”: una prolongada iliquidez deviene en insolvencia.

Para la parte en dólares, “estamos jugando con los modelos de sustentabilidad aplicados a la deuda neta”. Eso se podría hacer porque, más allá de la deuda bruta total, “Anses y el Banco Central poseen una parte sustantiva de la deuda”. Pero primero es menester hacer el cálculo de ese valor neto: “Somos oposición, no disponemos del aparato del estado. Lo hacemos con una consultora. Pero ya está, y estamos trabajando con esta idea. Pero un modelo de sustentabilidad, por más que sea el más ajustado posible, nunca va a capturar la realidad”.

Nielsen expresó una concepción básica del nuevo gobierno: “Argentina necesita imperiosamente desarrollar otro sector de la importancia del sector agropecuario, una alternativa, de generación de dólares y empleo”. En eso, dijo, la tecnología de los Estados Unidos tendrá importancia. Y aseguró: “En un mes se va a conocer el proyecto de ley para el marco legal de Vaca Muerta”.

También manifestó una necesidad primaria de la política económica: “No hay sustituto para la confianza. Y es lo más etéreo y lo más difícil de lograr”. Dio como ejemplo el año 2002: “Tuve el privilegio de vivir ese proceso. Wall Street no entendía pero la gente lo entendió desde punto de vista masivo. Ojalá tengamos este don en la etapa que empieza. Siempre se necesita confianza. Si no hay confianza no hay nada que hacer”.

Werner: crecimiento lento en el mundo y en América Latina

Joseph Ganitsky, director del master de Negocios Internacionales en UM, presentó al director del Departamento del Hemisferio Occidental del FMI como mexicano. Lo cual es cierto, pero también es verdad que nació en la provincia argentina de Córdoba.

Su padre, Manuel Werner, era un contador muy ligado a José Ber Gelbard, el ministro de Economía de Héctor Cámpora y del último gobierno de Juan Perón, y también conocido del banquero David Graiver. Ante la dictadura de 1976, su familia se exilió primero en Uruguay y, de modo definitivo, en México, donde el actual experto internacional estudió antes de doctorarse en el Instituto Tecnológico de Massachusetts.

“Quiero hablar sobre el impacto que la incertidumbre global tiene sobre el continente”, comenzó una exposición. Y por cierto la tiene: mientras que en el mundo el FMI estima un escaso crecimiento económico del 3%, en América Latina la estimación fue menor, del 2,5% en promedio.

“Vemos una desaceleración importante en los mercados emergentes, por ejemplo, en América Latina, claramente Argentina. Pero también Brasil y México”, dijo. Y en el mundo desarrollado la tendencia también fue a la baja por “la desaceleración notable en el sector manufacturero y caída de la tasa de comercio internacional”.

Incluso en los Estados Unidos el efecto de la estimulación fiscal fue breve. Y ahora vienen las elecciones 2020, en medio de las tensiones comerciales con China. “Se anticipa una recuperación para el año entrante, pero esta recuperación tiene una vulnerabilidad: que las economías emergentes se recuperen, es decir que(crezcan o dejen de desacelerarse”, planteó Werner. “Si se vuelve a retrasar esa recuperación en la inversión allí, se podría ver un retraso global”.

Eso, y factores como el Brexit o la baja de la tasa que hizo la Reserva Federal, afectaron el panorama latinoamericano. “Se desaceraron de manera importante las exportaciones hacia China (en volumen y en precio), de modo tal que hubo crecimiento negativo; las importaciones también bajaron”. Por los próximos dos años, calculó el funcionario del FMI, el crecimiento de los socios comerciales de la región y los precios de las materias primas seguirán bajando.

Lo favorable para América Latina, valoró, es la parte financiera. “Ha caído el costo de financiamiento a 10 años en países que no tienen problemas económicos”, dijo, y nombró a Colombia, México y Brasil.

Si bien el mercado de valores se mantuvo relativamente chato, “con caídas importantes en Argentina con la crisis que comenzó en 2018 y sigue en 2019”, en América Latina no hay gran espacio fiscal para atender una desaceleración de la economía mundial, advirtió: “Existen niveles de deudas del 60% (del pbi), y en parte en moneda extranjera”. Una vez más, el ejemplo fue Argentina. “Esto debilita la sostenibilidad fiscal y financiera del país”.

Su conclusión: “El gran problema es el crecimiento muy bajo. Es difícil ver de dónde podría surgir un proceso de crecimiento, en ausencia de un surgimiento de algo como las commodities”.

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