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Hace varios años, estuve trabajando con un grupo de alumnos de 2º año de Polimodal en un trabajo para Feria de Ciencias cuyo título fue:

¿La escuela esta enferma?

Cuando comenzamos a preparar las encuestas que haríamos a los docentes una de las preguntas que surgió fue si consideraban  que la gente elige ser docente por vocación, por salida laboral rápida, o por estabilidad laboral.

Sinceramente pensé que no podríamos probar la hipótesis ya que estaba convencido que la inmensa mayoría elegiría la opción por vocación.

¡Qué decepción!! Y ni se imaginan la cara de los chicos, adolescentes ellos,  cuando tabulaban y veían que sus profesores habían elegido la carrera por salida laboral rápida.

Es por eso que hoy les entrego esta líneas para intentar reflexionar juntos:

Y estas líneas son para vos, joven docente (o próximo a serlo):

¿Estudiaste cuatro o más años de tu vida sólo para ganar dinero?

¿Para conseguir un nombramiento que te convertirá en un burgués mantenido por el desesperanzado e inculto pueblo?

¿Te vas a dedicar a la educación para complacer al Ministerio de Educación, o para ser felicitado y reconocido por las autoridades de todo nivel?

¿Querés ser un educador para mejorar sólo tu prestigio e intereses personales?

O por el contrario:

¿No será acaso que tenés la sangre de maestro en las venas, que querés servir a los niños y adolescentes de tu país para que ésta no sólo sea productiva sino que se convierta en el motor del verdadero cambio de nuestra Argentina?

¿No es cierto que pasaste cuatro o más años de tu vida teniendo que soportar a varios docentes mediocres, y aprovechando a varios buenos maestros para ser mejores que ellos, servir más a nuestra patria, y sobre todo, para trasformar el sistema educativo?

Decime que NO:

¿Pasaste horas estudiando, leyendo libros y haciendo planificaciones  sólo para estar en un aula al frente de unos alumnos de manera monótona y darles una charla oral de lo que crees saber?

Por el contrario:

¿No es cierto que aprendiste a trasformar, a usar tu creatividad para mejorar los procedimientos, las estrategias y los objetivos mismos en materia pedagógica?

¿No vibrás con tu propio potencial, no sentís que algo interno te obliga a atender las demandas de los futuros ciudadanos de nuestro país, nuestro futuros gobernantes, antes que complacer a los burócratas de turno?

¿No sentís que has elegido esta sublime carrera para devolverle la imagen de respeto, de devoción, de entrega?

¿No eres acaso un maestro potencial de las mentes modernas de nuestro país, de los jóvenes ávidos por crecer intelectualmente y nutrirse con lo que merecen: lo mejor, Lo mejor de vos?

¿Acaso no querés ser singular?

¿No querés no formar parte del montón de maestros mediocres de la educación, los que coadyuvan con la crisis nacional, el grueso desecho que aún mantiene el país?

¿Ese sos vos?

Elegiste una de las carreras más difíciles y adversas.

Pero también estás envuelto en la profesión que produce una gratificación que quizás otra no puede alcanzar.

Elegiste ser un argentino nacido para matar a los mediocres, y para hacerlos seres excelentes que sirvan a la sociedad, a nuestro país.

Si tus respuestas al último grupo de preguntas son afirmativas, sos un maestro de calidad en potencia, pero sólo tenés el 50% de eficiencia tangible.

El otro porcentaje lo tenés que trabajar en la adversidad a la que te verás expuesto día a día cuando alrededor tuyo “los mediocres” intenten hacerte doblar la mano y te digan a cada paso:

¿Para qué laburas tanto? Si vas a cobrar lo mismo el sueldo a fin de mes

 

¿Lo pensamos?

 

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